Las primeras secuencias de la fotosfera solar obtenidas con un telescopio de clase 4 m revelan, con una resolución aproximada de 19 km, vórtices de Kelvin–Helmholtz en los bordes de las concentraciones magnéticas.
En una muestra de (10 087 ± 44) millones de J/ψ, BESIII no observa el submodo X(2370)→K*(892)⁰K̄⁰: su significancia es de 0,1 σ y el producto de razones de ramificación queda acotado en 2,7 × 10⁻⁶ al 90 % de confianza. La supresión respalda la interpretación de «singlete de sabor»; identificarlo como glueball sigue siendo una conclusión de modelo, no una detección directa de gluones ligados.
Desde los años 1970, una hipótesis marginal sostiene que aquello que hace de un protón un protón no reside en sus tres quarks, sino en una unión en Y hecha de gluones. La colaboración STAR ha pesado ambos escenarios sobre cuatro mil millones de colisiones de núcleos isóbaros — dos mil millones por especie — y sobre colisiones fotón-oro: el número bariónico llega al centro de la colisión casi dos veces más eficazmente que la expectativa ingenua de la imagen de los quarks. Los autores concluyen que esa imagen queda desfavorecida, sin anunciar significancia estadística ni pretender haber detectado la unión.
Los rayos X del magnetar 1E 1547.0−5408 están polarizados al 65 % a 2 keV, y hasta casi el 80 % en ciertas fases: un nivel que los modelos de superficie sin refracción no logran explicar. La birrefringencia del vacío, predicha por la QED hace casi 90 años, ofrece la lectura más natural. Prueba sólida, todavía no confirmación directa.
En grafeno apilado en romboedro, un equipo del MIT y de Basilea describe una familia de superconductores vecinos: cuatro caracterizados en la pentacapa desnuda, cinco zonas más obtenidas por simple contacto. Los tres que responden al campo resisten 8,5 T en el plano — decenas de veces el límite que debería destruirlos — y uno de ellos no aparece más que a campo intenso.
El 29 de agosto de 1831, Michael Faraday descubre que un imán en movimiento dentro de una bobina de cobre genera una corriente eléctrica medible. Este principio — la ley de Faraday — es la base de todos los generadores, transformadores y motores eléctricos modernos.