La ventaja comparativa
Definición HECHO
Un taller produce más deprisa que su vecino, cualquiera que sea el objeto considerado. La intuición concluye que no tiene nada que esperar de él y que debería hacerlo todo por sí mismo. Sin embargo, en el modelo sin costes de intercambio que se describe a continuación, unos costes de oportunidad diferentes abren la posibilidad de obtener un excedente mediante la reasignación y el intercambio.
Una parte posee una ventaja absoluta en la producción de un bien cuando produce una cantidad mayor con los mismos recursos. Posee una ventaja comparativa en ese bien cuando su coste de oportunidad —aquello a lo que debe renunciar para producir una unidad adicional— es inferior al de la otra parte.
En el modelo sencillo aquí estudiado —dos partes, dos bienes, requerimientos unitarios de trabajo constantes e intercambio sin costes—, la ventaja comparativa indica el sentido de una reasignación que puede aumentar la producción total. Para el volumen construido más adelante, un precio estrictamente situado entre los dos costes de oportunidad permite que cada parte conserve su número inicial de mesas y obtenga más sillas. Si cada una prefiere estrictamente más sillas cuando su número de mesas no disminuye, esta cesta constituye una ganancia individual. La ventaja absoluta mide la productividad unitaria; no es necesaria ni suficiente para determinar el sentido de la especialización en este modelo.
Un modelo numérico construido ANALOGÍA
Dos talleres producen mesas y sillas. El taller A dispone de 100 horas por período y el taller B, de 120 horas. Los tiempos unitarios de fabricación son los siguientes.
| Horas por mesa | Horas por silla | Mesas si todo se dedica a mesas | Sillas si todo se dedica a sillas | |
|---|---|---|---|---|
| Taller A | 2 h | 1 h | 50 | 100 |
| Taller B | 12 h | 3 h | 10 | 40 |
El taller A es más rápido en ambos bienes: posee la ventaja absoluta en los dos. La intuición se detiene ahí. El coste de oportunidad, en cambio, cuenta otra historia.
Para A, fabricar una mesa requiere 2 horas, es decir, el tiempo necesario para fabricar 2 sillas: una mesa le cuesta 2 sillas. Para B, una mesa requiere 12 horas, es decir, el tiempo necesario para fabricar 4 sillas: una mesa le cuesta 4 sillas.
| Coste de una mesa | Coste de una silla | |
|---|---|---|
| Taller A | 2 sillas | 0,5 mesa |
| Taller B | 4 sillas | 0,25 mesa |
A renuncia a menos por una mesa (2 < 4): su ventaja comparativa está en las mesas. B renuncia a menos por una silla (0,25 < 0,5): su ventaja comparativa está en las sillas, aunque tarde tres veces más que A en fabricar una.
La producción adicional, antes de cualquier intercambio ANALOGÍA
Supongamos primero que cada taller está aislado. A dedica su tiempo a 20 mesas y 60 sillas (20×2+60×1=100 horas). B produce 5 mesas y 20 sillas (5×12+20×3=120 horas). En conjunto: 25 mesas y 80 sillas.
Reasignemos ahora el trabajo según las ventajas comparativas, sin añadir una sola hora. B abandona las mesas y pasa por completo a las sillas: 40 sillas (40×3=120 horas). A asume las 5 mesas abandonadas, elevando su producción a 25 mesas, lo que le lleva 25×2=50 horas; las 50 horas restantes le proporcionan 50 sillas (25×2+50×1=100 horas).
| Mesas | Sillas | |
|---|---|---|
| Cada uno por su lado | 25 | 80 |
| Después de la reasignación | 25 | 90 |
El mismo número de mesas y diez sillas más, con recursos rigurosamente idénticos. La producción adicional no tiene nada de truco: las 5 mesas que producía B le costaban 20 sillas, mientras que a A solo le cuestan 10 sillas. Trasladar su producción de B a A libera exactamente la diferencia: 10 sillas, la producción adicional observada.
Esta reasignación no pretende describir un equilibrio: se elige para que el número total de mesas permanezca inalterado, lo que permite leer la producción adicional en una sola dimensión. Obsérvese que especializa por completo a B, pero deja que A produzca ambos bienes: la especialización completa de las dos partes no es necesaria para que aparezca una producción adicional.
Conviene subrayar este punto: la producción adicional aparece antes de cualquier intercambio, únicamente por la reasignación de las tareas. En esta fase, B posee 40 sillas y ninguna mesa, una cesta que podía producir por sí mismo y que no había elegido. Esta reasignación aún no basta para demostrar la ganancia individual de una parte; el intercambio sirve precisamente para repartir el excedente.
El reparto de la ganancia y los términos del intercambio ANALOGÍA
B quiere mesas; queda por fijar su precio, expresado en sillas.
Este precio, denominado términos del intercambio en este modelo bilateral de dos bienes, no viene determinado por el principio. Para el volumen positivo elegido aquí, en ausencia de costes de intercambio y bajo la hipótesis de que cada parte prefiere estrictamente más sillas cuando el número de mesas no cambia, ambas obtienen una ganancia estricta si el precio de una mesa se encuentra estrictamente entre sus dos costes de oportunidad, es decir, entre 2 y 4 sillas.
La razón es simétrica. A no cederá una mesa por menos de 2 sillas, porque le bastaría con renunciar a una mesa para fabricar por sí mismo 2 sillas. B no entregará más de 4 sillas por una mesa, porque a ese precio le daría lo mismo producirla por sí mismo.
Tomemos 3 sillas por mesa y supongamos que B compra 5 mesas a cambio de 15 sillas.
| Aislado | Después de la reasignación y el intercambio | Diferencia | |
|---|---|---|---|
| Taller A | 20 mesas, 60 sillas | 20 mesas, 65 sillas | +5 sillas |
| Taller B | 5 mesas, 20 sillas | 5 mesas, 25 sillas | +5 sillas |
Cada uno recupera exactamente el número de mesas que tenía por separado y obtiene cinco sillas más. Las 10 sillas de excedente se han repartido en dos partes iguales, consecuencia del precio elegido y no del principio.
El volumen de 5 mesas tampoco está más determinado que el precio: se elige aquí porque devuelve a cada parte su número inicial de mesas, lo que permite leer la ganancia en una sola dimensión. Con el precio fijado en 3 y mientras B acepte un volumen mayor, A puede producir y luego ceder una mesa adicional: sacrifica 2 sillas en la producción y recibe 3, es decir, una ganancia neta de una silla. El volumen intercambiado y la reasignación aumentan entonces conjuntamente.
Para el volumen elegido de cinco mesas, el precio determina el reparto de las diez sillas adicionales. A 2 sillas por mesa, si A aceptara ceder 5 mesas a cambio de 10 sillas, acabaría con 20 mesas y 60 sillas, es decir, en su situación de aislamiento: toda la ganancia correspondería a B. A 4 sillas por mesa, si B aceptara entregar 20 sillas por 5 mesas, volvería a tener 5 mesas y 20 sillas: toda la ganancia correspondería a A. Entre estos dos límites, ambas partes obtienen una ganancia estricta bajo la preferencia enunciada; en los límites, una de ellas es indiferente y puede rechazar el intercambio. El modelo establece la existencia de un excedente potencial y acota los precios que pueden repartirlo; no garantiza ni que se produzca un intercambio ni dónde se establecerá el precio. En un mercado competitivo con ofertas y demandas especificadas, su confrontación puede determinar el precio; en un intercambio bilateral, hay que especificar un mecanismo de negociación.
La consecuencia de la relación recíproca en el caso de dos partes–dos bienes HECHO
En el caso de dos partes y dos bienes, es imposible que una parte posea la ventaja comparativa en ambos, salvo que los costes de oportunidad sean iguales, caso en el que ninguna reasignación basada únicamente en esos costes genera un excedente.
La demostración cabe en una línea. Los dos costes de oportunidad de una misma parte son recíprocos: si una mesa cuesta a sillas, una silla cuesta 1/a mesa. Sea a el coste de una mesa para A y b el coste para B, ambos estrictamente positivos porque los tiempos de fabricación lo son. Supongamos que a<b: A posee la ventaja comparativa en las mesas; y como a y b son estrictamente positivos, a<b implica 1/a>1/b, de modo que B es quien renuncia a menos por una silla; por tanto, la ventaja comparativa en las sillas le corresponde necesariamente. El caso b<a es simétrico, y el caso a=b es el de la igualdad, en el que ninguna de las partes posee ventaja comparativa en ninguno de los bienes. En nuestro ejemplo, a=2, b=4, y 1/a=0,5>1/b=0,25.
Por consiguiente, si sus productividades relativas difieren, incluso la parte menos productiva en ambos bienes posee una ventaja comparativa en uno de ellos. Lo que sustenta el excedente potencial no es la diferencia absoluta de productividad, sino la comparación de las proporciones de productividad, que aquí produce la misma clasificación que la comparación de los costes de oportunidad. Si esos costes coincidieran, ninguna reasignación basada en ellos añadiría nada, aunque una parte fuera diez veces más rápida que la otra en ambos bienes.
Lo que este modelo supone HECHO
- Un único recurso escaso y homogéneo, transferible a una tasa fija. Todo el razonamiento se basa en un solo factor —las horas— que se desplaza de un bien a otro sin pérdida. Las necesidades unitarias constantes de trabajo hacen que la frontera de producción sea lineal en este caso y otorgan a cada bien un coste de oportunidad independiente de la cantidad producida. El número de factores no basta, por sí solo, para determinar la forma de esta frontera.
- Costes de oportunidad constantes. El ejemplo supone que una mesa siempre cuesta 2 sillas a A. Con una frontera diferenciable y costes crecientes, un productor precio-aceptante que maximiza el valor de su producción iguala, en una solución interior en la que produce ambos bienes, el coste de oportunidad marginal al precio relativo. Sigue siendo posible una solución de esquina, en la que solo produce un bien. El resultado preciso depende entonces de la tecnología, los precios y la demanda.
- Dos partes, dos bienes y cantidades divisibles. La demostración basada en la relación recíproca entre a y 1/a es válida exactamente en este marco. Los modelos con varios bienes o varias partes requieren una clasificación y supuestos adicionales; este artículo no les extiende automáticamente la conclusión.
- Recursos móviles dentro de cada parte, pero no entre ellas. El razonamiento reasigna las horas de A entre mesas y sillas. Nunca las transfiere de A a B. Si los recursos circularan libremente entre las partes, la cuestión planteada ya no sería la misma.
- Pleno empleo de los recursos en ambas situaciones. La comparación enfrenta dos asignaciones que utilizan todas las horas disponibles. La ganancia medida procede de una mejor asignación, no de poner a trabajar recursos ociosos.
- Una preferencia estrictamente creciente respecto de las sillas en las cestas comparadas. En el reparto construido, cada taller conserva su número inicial de mesas y recibe más sillas; la ganancia estricta supone que prefiere esta cesta. Sin demanda de mesas, B no tiene ningún motivo para intercambiar, y sin preferencia por más sillas, las sillas adicionales no constituyen necesariamente una ganancia.
- Una ganancia agregada por parte cuya distribución interna no está garantizada. El principio compara el taller A consigo mismo, no a sus miembros entre sí. La especialización modifica quién hace qué: quienes ven desaparecer su actividad no son compensados automáticamente por la ganancia agregada. El modelo no incorpora ningún mecanismo de compensación interna.
- Costes de intercambio supuestos nulos en el cálculo. Transportar y formalizar contratos consumen recursos en la realidad. Unos costes no nulos estrechan el intervalo de precios mutuamente ventajosos y pueden eliminarlo: cuando la diferencia entre los dos costes de oportunidad es pequeña, la ganancia no cubre el traslado.
- Una tecnología y unas dotaciones dadas. Los tiempos unitarios de la tabla se suponen fijos. Este ejemplo estático toma la tecnología y las dotaciones como datos; no explica su evolución endógena.
Resumen
En el modelo de dos bienes y costes constantes, trasladar la producción hacia la parte con el coste de oportunidad más bajo crea un excedente potencial; bajo la preferencia estrictamente creciente respecto de las sillas que se ha explicitado, un volumen estrictamente positivo intercambiado a un precio estrictamente situado entre los dos costes puede beneficiar a ambas partes.
Referencias principales HECHO
- David Ricardo — On the Principles of Political Economy and Taxation, capítulo sobre el comercio exterior
- OpenStax — Ventaja absoluta y comparativa
- OpenStax — Ventaja absoluta en todos los bienes
- Organización Mundial del Comercio — Ventaja comparativa
- John Stuart Mill — Of the Laws of Interchange between Nations
- Fondo Monetario Internacional — International Trade: Commerce among Nations, sección «Why trade reform is difficult»
- Alan Deardorff — The Ricardian Model
